La entrada que escribo hoy me rondaba por la cabeza desde antes de que comenzara el Mundial de Fútbol. Pero no había encontrado ni momento ni las ganas. Pues bien, ha llegado el día. Mientras gran parte de España está eufórica con el triunfo de la selección (masculina) de fútbol (ayer España ganó su segundo mundial con unas audiencias de vértigo), yo me vuelvo a preguntar dos cosas.
Una: ¿Los 14 millones de personas que vieron ayer la final por TVE (más del 77% de la audiencia durante la prórroga) se han planteado en algún momento la NO participación de España en este Mundial? Y no me sirve el argumento hetero de "el mundial es cada cuatro años y Eurovisión es todos los años". Fútbol hay casi todos los días del año. Cuando no es un Mundial, es la Eurocopa, cuando no es la liga, es la Copa del Rey, y si no la UEFA en su multitud de variedades. Y si no, nos inventamos una competición nueva.
¿En serio no nos hemos planteado que si no vamos a Eurovisión porque participa un país genocida (y ojo estoy totalmente de acuerdo con la decisión, aunque me joda) tampoco deberíamos haber participado en un mundial de fútbol que se celebra en un país (Estado Unidos) que apoya al mismo estado genocida (Israel) por el que se decidió no participar en Eurovisión? Sin contar, claro, que el señor Trump está metido en casi todas las peleas (por ser fino) abiertas internacionalmente o aplica una política migratoria asquerosa. Por no mencionar su transfobia y su machismo escalofriante o su negación del cambio climático, etc.
Obvio, la respuesta es clara: hay una doble vara de medir, o de no querer ver las cosas directamente relacionada con el machismo y el heteropatriarcado (y por ende LGTBIQfobia) imperante en la sociedad: Sacrificamos Eurovisión (que es el evento LGTBIQA+ más mainstream, aunque en realidad sea un evento cultural apoyado por gente del colectivo y ajena al mismo), y con el mundial no nos planteemos nada más, que "no hay que mezclar las cosas".
Pues quizá sí que hay que plantearse cosas, y aquí la segunda pregunta. Dos: ¿Hasta cuando vamos a seguir blanqueando los estereotipos, el heteropratiarcado y la LGTBIQA+fobia en el fútbol? ¿Nos podemos parar a pensar un momento que mientras seguimos ensalzamos "los valores del fútbol" para nuestras criaturas hay miles de niños, niñas y niñes que lo están pasando mal porque aunque es niño no les gusta el fútbol (y el fútbol ocupa el espacio central de muchos patios y horas y horas de ocio de los más pequeños), porque desde muy pequeños se les separa en buenos y malos, porque "el fútbol es cosa de chicos" (si cada vez hay más niñas que juegan al fútbol... ¿pero están al mismo nivel?) o porque los equipos (infantiles, no voy a meterme en jardines mayores) siguen sin ser mixtos? ¿En serio el fútbol les enseña "buenos valores"? Pues alguno imagino que sí, pero también enseña que si se pierde puedes montar una trifulca (como ayer algunos jugadores de Argentina) o que si metes un gol puedes reventar el palo del córner de una patada (como vimos ayer también), o que si te apetece puedes escupir donde te da la gana o que si acudes a un partido puedes llamar "puto mono" al jugador negro del equipo rival o maricón al de tu equipo cuando hace algo mal. ¿En serio nos sorprende que no haya ningún futbolista de élite (hombre) fuera del armario? El fútbol nunca ha sido un lugar seguro para los gays y otras personas que se salen de la normatividad. Y por desgracia, aunque se están dando pasos tímidamente, va a seguir siendo así mientras sigamos educando en una estructura endocéntrica. El fútbol es la viva metáfora de que el hombre blanco heterosexual de clase media o alta, no quiere perder su privilegio, aunque se permita que en el descanso del partido actúe Madonna o que la selección española (femenina) también pueda ser campeona del mundo.




