miércoles, 1 de julio de 2026

Serena Williams y la tirita al edadismo

El Noqui de finales de los 90 odiaba a las hermanas Williams. Veía a Venus y Serena como dos seres superiores que arrasaban con todas (sus rivales) sin compasión.


Fue más tarde cuando me percaté del mérito que tenían: dos mujeres (hablamos de machismo) negras (racismo) de una familia humilde (clase) y una de ellas con un cuerpo fuera del canon social (violencia estética) demostrando que eran las mejores del mundo.

Pues bien, ayer Serena, consciente o no (yo creo que sí) volvió a demostrar, con un pequeño gesto, la importancia del enfoque interseccional*. A sus 44 años (edadismo) saltó a la pista central de Wimbledon con una tirita en el cuello. Una tirita del color de su piel. Obvio imagino que hace tropecientos años que se inventaron las tiritas de color chocolate. ¿Pero cuánta gente privilegiada blanca nunca nos habíamos parado a pensar que había tiritas (y no me refiero a las infantiles de Hello Kitty y Superman) de color no carne? ¿Y por qué le llamamos color carne cuando la carne tiene infinidad de tonos?

Sin entrar en el debate de si los torneos de tenis deberían o no invitar a grandes estrellas prejubiladas sin ranking (entiendo a quienes opinan que quitan oportunidades a los y las jóvenes promesas); Serena, aunque perdió, demostró que el feminismo y por ende la sociedad tiene que ser interseccional o no lo será. 


*interseccionalidad: Este término describe cómo las distintas características de identidad de una persona (como su género, raza, clase social, orientación sexual o discapacidad) se cruzan y se superponen, afectando la forma en que experimenta desigualdades, privilegios y discriminación en la sociedad.

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